El Rey Lear
El Rey Lear LEAR.—Yo te lo diré. (A GONERIL.) ¡Muerte y vida! Me avergüenzo de que aún tengas el poder de conmover mi alma a tal extremo, haciéndome verter a pesar mÃo, ardientes lágrimas. ¡Caigan sobre ti la peste y todas las plagas! ¡Atraviésente y desgárrensete los incurables dardos de la maldición de un padre! ¡Ojos mÃos, demasiado insensatos y tiernos! ¡Si aún sois capaces de dar paso al lloro, os arranco sin piedad! ¡Ah! ¿A tal punto han llegado las cosas? ¡Pues bien, sea! TodavÃa me queda una hija, tierna y compasiva, estoy seguro. Cuando sepa tu comportamiento, se abalanzará a tu horrible rostro y lo desgarrará con sus propias manos. Ten entendido que volveré a arrancarte una grandeza que te figurabas habÃa perdido para siempre.
Salen LEAR, KENT y séquito.
GONERIL.—¿Le habéis oÃdo, monseñor?
EL DUQUE DE ALBANIA.—A pesar del amor que os profeso, no puedo ser bastante parcial…
GONERIL.—Por favor, tranquilizaos. ¡Hola, Osvaldo! (Al BUFÓN.) Y vos, señor, más bribón que loco, seguid a vuestro amo.
EL BUFÓN.—TÃo Lear, tÃo Lear, espérame y lleva contigo a tu bufón. (Sale.)