El Rey Lear
El Rey Lear GONERIL.—¡No es poco precavido el buen hombre! ¡Cien caballeros! Bueno fuera dejarle cien caballeros para que al primer capricho que le ocurra, por una palabra, por una nonada, por el más leve motivo de queja o disgusto, pueda sostener los extravÃos de su demencia con ese grupo temible, y tener nuestras vidas a su discreción. ¿Dónde está Osvaldo?
EL DUQUE DE ALBANIA.—Quizá son exagerados vuestros temores.
GONERIL.—El exceso del temor es más seguro que el exceso de la seguridad. Permitid que prevenga las violencias que temo, en vez de temer neciamente hasta el momento de ser vÃctima. Conozco su corazón. Todo cuanto ha declamado aquÃ, lo he escrito a mi hermana. Si ella quiere soportarle con sus cien caballeros, después de haberle mostrado yo todos los inconvenientes… (Entra el INTENDENTE.) ¡Y bien, Osvaldo! ¿Habéis escrito la carta que os he encargado para mi hermana?
EL INTENDENTE.—SÃ, señora.