El Rey Lear
El Rey Lear GONERIL.—Tomad una escolta y poneos en marcha. Enterad a mi hermana de mis temores particulares y añadidle por vuestra parte las razones que creáis convenientes en apoyo de mi carta. Ea, partid, y apresurad vuestro regreso. (Sale el INTENDENTE.) No, no, señor: esa excesiva dulzura, ese carácter pacÃfico que os distinguen, no los censuro, ni mucho menos; pero, permitid que os lo diga: una falta de prudencia prepara a menudo muchas más perplejidades que elogios atrae la funesta lenidad.
EL DUQUE DE ALBANIA.—Ignoro hasta dónde alcanzan vuestras miras. Agitándonos para alcanzar lo mejor, maleamos a menudo lo bueno.
GONERIL.—No, no.
EL DUQUE DE ALBANIA.—Bueno, sea; el tiempo dirá. (Salen.)