El Rey Lear
El Rey Lear EL DUQUE DE CORNUALLES.—¡Deteneos, pena de la vida! ¿De qué vino esa contienda?
REGAN.—¡Cómo! ¡Los mensajeros de mi hermana y del rey!
EL DUQUE DE CORNUALLES.—¡Hablad! ¿Qué motiva esa querella?
EL INTENDENTE.—Apenas puedo respirar, señor.
EL CONDE DE KENT.—No es extraño; ¡has desplegado tanto valor! ¡Cobarde, bribón, la naturaleza reniega de ti!
EL DUQUE DE CORNUALLES.—Pero ¿acabaréis? ¿De qué vino esa riña?
EL INTENDENTE.—Señor, ese viejo bribón, cuya vida he respetado gracias a su barba gris…
EL CONDE DE KENT.—¡Tú, bastardo, última letra del alfabeto! ¡Tú, ser inútil en la humana especie! Permitid, señor, que aplaste a ese miserable, reduciéndolo a picadillo, con que ¿gracias a mi barba gris, embustero?
EL DUQUE DE CORNUALLES.—Cállate, animal feroz. Olvidas el respeto que debes…
EL CONDE DE KENT.—Es verdad, señor; mas la cólera tiene sus privilegios.
EL DUQUE DE CORNUALLES.—¿Y qué motivó tu cólera?