El Rey Lear
El Rey Lear REGAN.—Esta casa es pequeña; no caben en ella el rey y su séquito.
GONERIL.—Culpa suya es si se atormenta y se priva de reposo; asà se resentirá de su locura.
REGAN.—A él, personalmente, lo acogerÃa con mucho gusto; pero a ninguno de su séquito absolutamente.
GONERIL.—Lo mismo digo. Pero ¿dónde está el conde de Gloucester?
EL DUQUE DE CORNUALLES.—Salió con el viejo; ya vuelve.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—El rey está sumamente enfurecido.
EL DUQUE DE CORNUALLES.—¿Y hacia dónde va?
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Ha ordenado que dispongan los caballos; pero ignoro su designio.
EL DUQUE DE CORNUALLES.—Lo mejor será dejarle obrar a su antojo.
GONERIL.—Monseñor, no le invitéis a quedarse.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—¡Ah! La noche se aproxima, y el viento empieza a soplar con violencia. En el espacio de varias millas apenas se encuentra un árbol para refugio.