El Rey Lear
El Rey Lear EL CONDE DE KENT.—¡Ah, señor! El desdichado no tiene hijas.
LEAR.—¡Cómo, traidor! ¿Que no tiene hijas, dices? ¡Muerte y exterminio! ¿Qué pudo haberle reducido a tan profunda miseria, sino la ingratitud de sus hijas? ¿Es hoy costumbre, que los padres, desposeÃdos de todo, no hallen piedad en su propia sangre?
EDGARDO.—El negro espÃritu estaba en la cumbre de la montaña gritando, ¡hola! ¡hola!
EL BUFÓN.—Temo que esta noche glacial nos vuelva locos a todos.
EDGARDO.—¡Cuidado con los espÃritus malignos! Obedece a tus padres, persevera en tu fe, no jures, no corrompas a la mujer ajena. Tom se muere de frÃo.
LEAR.—¿Quién eras tú, antes?