El Rey Lear
El Rey Lear EL CONDE DE KENT.—¿Quién va? ¿A quién buscáis?
EL CONDE DE GLOUCESTER.—¿Y quiénes sois vosotros? ¿Cómo os llamáis?
EDGARDO.—Yo soy el pobre Tom, que se alimenta de ranas, sapos y lagartijas. En el furor que el maligno espÃritu le infunde, se harta de alimentos odiosos, tragando ratas viejas y perros muertos; bebe la verdosa capa de las aguas estancadas; errante de pueblo en pueblo, por donde quiera es apaleado, encadenado, arrestado.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—¡Cómo! ¿No tiene Vuestra Gracia mejor compañÃa?
EDGARDO.—El prÃncipe de las tinieblas es un gentilhombre; le llaman Modó y Mahú.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Monseñor, nuestros hijos se han vuelto bastante malvados para odiar a los que les dieron vida.
EDGARDO.—Tom se está muriendo de frÃo.
EL CONDE DE GLOUCESTER.—Venid conmigo, señor; mi deber no llega hasta el punto de obedecer en todo las órdenes crueles de vuestros hijos. Aun cuando me han mandado que os cierre todas las puertas de mi casa, dejándoos expuesto a las iras de la noche, me he aventurado a veniros a buscar para conduciros a un asilo donde tendréis fuego y comida.
LEAR.—Dejadme primero conversar con este filósofo. ¿Cuál es la causa del trueno?