Enrique IV
Enrique IV Estas referencias nos preparan para la insurrección que se decidirá expresamente dos escenas más adelante y nos sugieren la confusión política creada tras la usurpación del trono. Como en la realidad histórica, el de Enrique IV de Lancaster se nos muestra como un reinado revuelto, sin gloria ni grandeza, y el éxito de su rebelión contra Ricardo II estimula a otros a imitarle ahora contra él mismo. Frente a ellos y frente a toda la nación, el rey actuará —o aparentará actuar— con la máxima eficacia y rectitud a fin de legitimarse o, más exactamente, para lograr la «legitimidad de ejercicio» y compensar su falta de «legitimidad de origen»[5]. Pero si la rebelión externa amenaza este esfuerzo, la que encarna su propio hijo con su vida deshonrosa es más que un paralelismo con la de los rebeldes. Por lo pronto, implica que su rebeldía es hereditaria. En otro plano, el que el príncipe actúe como cómplice de robos, aunque sea en broma, como se verá a continuación, es un comentario irónico sobre la usurpación de la corona. En general, el deshonor de Hal deja en la incertidumbre la sucesión política, pero, sobre todo, cuestiona el empeño del rey: no poniéndose a la altura de su sangre real, el príncipe rechaza las pretensiones de realeza de su padre. La preocupación del rey por la actitud de su hijo se manifestará expresamente en la entrevista entre ambos de III.ii.
II