Enrique IV
Enrique IV y, en cuanto cedió, todos los demás
se redujeron a lo que eran: plomo pesado.
Y asà como la cosa que es pesada
vuela más veloz cuando la impulsan,
los nuestros, al peso de la muerte de Hotspur
le daban tal levedad con su temor
que las flechas no corrÃan a su blanco
más ligeras que nuestros hombres
al blanco de su salvación. Al noble Worcester
pronto lo apresaron, y ese fiero escocés,
el cruel Douglas, cuyo enérgico acero
tres veces mató la efigie del rey,
cedió al miedo, honró la infamia
de los que se fugaron y, en su huida,
tropezando de pavor, cayó prisionero.
En suma: el rey ha vencido, y ha enviado
un ejército contra vuestra señorÃa
bajo el mando del joven Lancaster
y Westmoreland. Estas son todas las noticias.
NORTHUMBERLAND
Para llorarlas no ha de faltarme tiempo.
En el veneno hay cura, y estas nuevas,
que, de estar sano, me habrÃan puesto enfermo,
estando enfermo casi me han curado.
E, igual que el mÃsero extenuado por la fiebre,
cuyos miembros ceden bajo el peso de vivir,
si es presa de un ataque, se zafa como un fuego