Enrique IV
Enrique IV A veces se ha indicado que, paradójicamente, Falstaff se va hundiendo cuanto más triunfa. Lo vemos en la muestra de teatro en el teatro que ahora sigue. Obsérvese que, a pesar de su vena histriónica, el prÃncipe no pierde el sentido de la realidad. Cuando Falstaff se dispone a hacer de rey y dice que la silla será el trono, su daga el cetro, y un cojÃn la corona, Hal rompe la ilusión escénica: «Tu trono parecerá una banqueta, tu cetro de oro una daga de plomo y tu preciada corona una calva lastimosa.» La observación es significativa porque, además, refleja la actitud realista con la que el prÃncipe frustrará las ilusiones de su amigo al final del número. La actuación de ambos, parodia del lenguaje puritano, imita la preocupación de un padre convencional y formalista por las malas compañÃas del prÃncipe y se anticipa burlescamente a la entrevista entre ambos dos escenas más adelante. Para Falstaff-rey el remedio es claro: «Quédate [con Falstaff] y destierra a los demás.» Cuando Hal represente a su padre y censure la compañÃa de Falstaff, Falstaff-prÃncipe vendrá a responder lo mismo: si el rey destierra a Falstaff, desterrará al mundo entero. Sólo que ahora la respuesta es menos equÃvoca («Pues lo hago, lo haré.»): más que el rey parodiado, el que habla parece el propio prÃncipe como futuro rey. Aunque no haya una acotación explÃcita al respecto, la respuesta de Hal tiene que haber dejado a Falstaff con un nudo en la garganta.