Enrique IV
Enrique IV V
Al comienzo de la entrevista entre Hal y el rey parece asomar el sentimiento de culpa de Enrique, pero su expresión es tan breve como imprecisa. Poco después el rey hablará con la amargura del padre, pero no más que por un momento: el contenido del diálogo es polÃtico. Más que antes, vemos que su intensa concentración en el poder le ha menguado humanamente. Enrique no es de los que responden a la vida por sà misma, sino por el beneficio que pueda reportar (Hal huye ahora de esta concepción, aunque por fuerza participa de ella). En concreto, lo que domina en la entrevista es la preocupación del monarca porque el prÃncipe acabe siendo otro Ricardo II. Su temor se convierte en un fiel reflejo de sà mismo, de su opacidad y su cauta concepción de la realeza. Según su explicación, él siempre se guardó de prodigar su persona y racionó sus apariciones públicas, de modo tal que su esplendor «cobraba grandeza por lo raro». En cambio, el rey Ricardo, rodeado de frÃvolos, no hacÃa más que exhibirse, hasta el punto de que el pueblo estaba «lleno y harto» de su presencia.