Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca HAMLET.—Un asesino, un infame; un canalla que no llega a los talones del que fue tu marido; un payaso de rey, el ratero del reino y el poder, que robó la corona del estante para echársela al bolsillo…
REINA.—¡Basta!
HAMLET.—Un rey de parches y pingajos…
(Entra el Espectro en ropa de noche.)
¡Salvadme y envolvedme en vuestras alas, ángeles del cielo! —¿Qué deseas, noble figura?
REINA.—¡Ay, está loco!
HAMLET.—¿Vienes a reñirle a tu hijo indolente que, dejando pasar tiempo y fervor, no pone por obra tu fiero mandato? ¡Habla!
ESPECTRO.—No lo olvides. Esta aparición sólo quiere aguzar tu embotado propósito. Pero mira el desconcierto de tu madre. Interponte entre ella y su alma en lucha. La imaginación de los más débiles opera con más fuerza. Háblale, Hamlet.
HAMLET.—¿Cómo estás, madre?
REINA.—¡Ah! ¿Cómo estás tú, que clavas la mirada en el vacÃo y conversas con el aire incorpóreo? Por tus ojos asoma tu ánimo agitado y, como guerreros despertados por la alarma, tu liso cabello se levanta cual si fuera una excrecencia viviente. ¡Ah, hijo mÃo! RocÃa el fuego y ardor de tu mal con la frÃa quietud. ¿Qué es lo que miras?