Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca HAMLET.—¿Delirio? Mi pulso late acompasado como el tuyo y da una música tan sana. No es locura lo que he dicho. Ponme a prueba y yo repetiré mis palabras, de lo cual huirÃa la locura. Madre, por el cielo, no pongas un bálsamo a tu alma que muestre mi demencia y no tu culpa. Será una fina piel sobre la llaga, mientras, invisible, la inmunda podredumbre por dentro todo infecta. Confiésate al cielo, llora el pasado, evita tentaciones; no quieras abonar la mala hierba y hacerla más frondosa. Perdona mi virtud, pero en estos tiempos de molicie y saciedad la virtud ha de excusarse con el vicio e implorar que le deje socorrerle.
REINA.—¡Ah, Hamlet! Me has partido en dos el corazón.
HAMLET.—Pues tira la peor parte y con la otra mitad vive más pura. Buenas noches. No vayas al lecho de mi tÃo. Aparenta virtud, aunque no tengas. Esta noche abstente; eso dará mayor facilidad a la próxima abstinencia. Buenas noches otra vez. Cuando ruegues la divina bendición, yo te pediré la tuya. —En cuanto a este caballero, lo siento de veras. Pero el cielo ha querido, haciéndome su azote y su verdugo, castigarme a mà con él y a él conmigo. Le sacaré de aquà y responderé de su muerte. Una vez más, buenas noches. Tengo que ser cruel sólo por afecto. Lo peor vendrá; esto es el comienzo.
REINA.—¿Qué puedo hacer?