Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca HAMLET.—Veo un querubÃn que ya la ha visto. —Bueno, vamos. ¡A Inglaterra! Adiós, querida madre.
REY.—Tu tierno padre, Hamlet.
HAMLET.—Madre. Padre y madre son marido y mujer, marido y mujer son una carne, asà que madre. —Vamos. ¡A Inglaterra!
(Sale.)
REY.—Seguidle de cerca; embarcadle sin demora. No os retraséis: le quiero fuera esta noche. En marcha, que, en lo que atañe a este asunto, todo está ultimado. Daos prisa.
(Salen todos menos el Rey.)
Inglaterra, si mi afecto en algo tienes (como tal vez te aconseje nuestra fuerza, pues la cicatriz de nuestro acero danés aún sigue roja, y nos pagas tributo de buen grado), no puedes tratar con ligereza mi real orden que, en carta especial y por extenso, reclama encarecidamente la muerte inmediata de Hamlet. Hazlo, Inglaterra, pues él, como fiebre, me quema la sangre y tú eres mi cura. Mientras no esté hecho, nada me traerá dicha ni contento.
(Sale.)