Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca ¡Apilad ahora tierra sobre vivos y muertos hasta hacer de este llano una montaña que descuelle sobre el monte Pelión[35] o la cumbre celeste del Olimpo!
HAMLET.—(Adelantándose.) ¿Quién es este que vocea su dolor con tanto Ãmpetu y hechiza a los planetas con su angustia, dejándolos suspensos como a oyentes asombrados? Aquà está Hamlet de Dinamarca.
(Salta dentro tras Laertes.)
LAERTES.—¡Que el diablo te lleve!
HAMLET.—¡Qué mal rezas! QuÃtame esos dedos de la garganta, pues, aunque no soy impulsivo ni colérico, en mà hay algo peligroso que más te vale temer. ¡QuÃtame esa mano!
REY.—¡Separadlos!
REINA.—¡Hamlet, Hamlet!
TODOS.—(Los cortesanos.) ¡Señores!
HORACIO.—Calmaos, Alteza.
HAMLET.—Por esta causa lucharé con él hasta que mis párpados dejen de moverse.
REINA.—¿Qué causa, hijo mÃo?
HAMLET.—Yo querÃa a Ofelia. Ni todo el amor de veinte mil hermanos juntos sumarÃa la medida del mÃo. —¿Qué piensas hacer por ella?
REY.—¡Ah, está loco, Laertes!
REINA.—¡Por el amor de Dios, no le oigas!