Hamlet, Principe de Dinamarca
Hamlet, Principe de Dinamarca HORACIO.—Señor, ¿y si os condujese hacia las aguas o a la espantosa cima de la roca que se descuelga amenazante sobre el mar y adoptase alguna forma aterradora que os privara del poder de la razón y os llevase a la locura? Pensadlo bien.
HAMLET.—Me sigue llamando. Ya voy, te sigo.
MARCELO.—No debéis ir, señor.
HAMLET.—¡QuÃtame las manos!
HORACIO.—Hacednos caso, no vayáis.
HAMLET.—Me llama el destino, y la más fina arteria de este cuerpo es tan potente cual las fibras del león de Nemea[6]. Aún me hace señas. ¡Soltadme, señores! Por Dios, que a quien me pare volveré un espectro. ¡Fuera ya! Vamos, te sigo.
(Salen el Espectro y Hamlet.)
HORACIO.—Sus fantasÃas le trastornan.
MARCELO.—Sigámosle. No conviene obedecerle.
HORACIO.—Vamos tras él. ¿Adónde puede llevar esto?
MARCELO.—Algo podrido hay en Dinamarca.
HORACIO.—El cielo dispondrá.
MARCELO.—Nosotros sigámosle.
(Salen.)