Hamlet
Hamlet Y sobre su sepultura
muchas lágrimas llovieron.
Ay no ni, ay ay ay no ni.
Adiós, querido mÃo. Adiós».
LAERTES.— Si gozando de tu razón me incitaras a la venganza, no pudieras conmoverme tanto.
OFELIA.— Debéis cantar aquello de:
«Abajito está
llámele, señor, que abajito está».
¡Ay, qué a propósito viene el estribillo…! El pÃcaro del mayordomo fue el que robó a la señorita.
LAERTES.— Esas palabras vanas producen mayor efecto en mà que el más concertado discurso.
OFELIA.— [A Laertes] Aquà traigo romero, que es bueno para la memoria. Tomad, amigo, para que os acordéis; y aquà hay trinitarias, que son para los pensamientos.
LAERTES.— Aun en medio de su delirio quiere aludir a los pensamientos que la agitan y a sus memorias tristes.