Hamlet
Hamlet HAMLET.— Aun eso también parece que lo dispuso el cielo, porque felizmente trata conmigo el sello de mi padre, por el cual se hizo el que hoy usa el rey. Cierro el pliego en la forma que el anterior, póngole la misma dirección, el mismo sello, lo conduzco sin ser visto al mismo paraje y nadie nota el cambio… Al dÃa siguiente ocurrió el combate naval; lo que después sucedió ya lo sabes.
HORACIO.— De ese modo, Guillermo y Ricardo caminan derechos a la muerte.
HAMLET.— Ya ves que ellos han solicitado este encargo; mi conciencia no me acusa acerca de su castigo… Ellos mismos se han procurado su ruina… Es muy peligroso al inferior meterse entre las puntas de las espadas, cuando dos enemigos poderosos lidian.
HORACIO.— ¡Oh! ¡Qué rey este!
HAMLET.— ¿Juzgas tú que no estoy en obligación de proseguir lo que falta? Él, que asesinó a mi padre y mi rey, que ha deshonrado a mi madre, que se ha introducido furtivamente entre el solio y mis derechos justos, que ha conspirado contra mi vida, valiéndose de medios tan aleves… ¿No será justicia rectÃsima castigarle con esta mano? ¿No será culpa en mà tolerar que ese monstruo exista, para cometer como hasta aquà maldades atroces?
HORACIO.— Presto le avisarán de Inglaterra cuál ha sido el éxito de su solicitud.