Hamlet
Hamlet POLONIO.— [A Guillermo y Ricardo que salen por donde él se va]. Si buscáis al prÃncipe, vedle ahÃ.
Hamlet, Ricardo, Guillermo.
RICARDO.— Buenos dÃas, señor.
GUILLERMO.— Dios guarde a vuestra Alteza.
RICARDO.— Mi venerado prÃncipe.
HAMLET.— ¡Oh, buenos amigos! ¿Cómo va? ¡Guillermo, Ricardo, guapos mozos! ¿Cómo va? ¿Qué se hace de bueno?
RICARDO.— Nada, señor; pasamos una vida muy indiferente.
GUILLERMO.— Nos creemos felices en no ser demasiado felices. No, no servimos de airón al tocado de la fortuna.
HAMLET.— ¿Ni de suelas a su calzado?
RICARDO.— Ni uno ni otro.
HAMLET.— En tal caso estaréis colocados hacia su cintura: allà es el centro de los favores.
GUILLERMO.— Cierto, como privados suyos.
HAMLET.— Pues allà en lo más oculto… ¡Ah! DecÃs bien, ella es una prostituta… ¿Qué hay de nuevo?
RICARDO.— Nada, sino que ya los hombres van siendo buenos.
