La fierecilla domada
La fierecilla domada ¡Estos caballeros irán a comer, Lina, puesto que se lo ordenas! ¡Obedeced a la recién casada, vosotros todos los que habéis formado su cortejo! Id al banquete, si; divertÃos, haced francachela, brindad hasta hartaros por su doncellez, alegraos, haced el loco, Y si no, ¡que os ahorquen! En cuanto a mi Lina, mi hermosa Catalina, ¡partirá conmigo! (La coge por la cintura cual si la defendiese contra los otros.) Ea, lucero, no te hagas la enfadada, no patalees ni te revuelvas; no eches miradas furibundas ni hagas gestos de cólera. Yo quiero ser dueño de lo que es mÃo. Mi mujer es mi bien, mi todo, mi casa, mi mobiliario, mi campo, mi granja, mi caballo, mi buey, mi asno: ¡cuanto quiero y tengo! (Desenvaina la espada.) ¡Aquà la tenéis! Pero ¡ay de quien la toque! ¡DesafÃo a todo matachÃn de Padua que se atreva a cerrarme el camino! Grumio, ¡desenvaina, que estamos rodeados de bandidos! ¡Ven a socorrer a tu señora si es que eres un hombre! En cuanto a ti, mi Lina adorada, no temas nada, que nadie se atreverá a tocarte. ¡Aquà estoy yo para ser tu escudo incluso contra un millón de enemigos! (Se la lleva de la plaza violentamente mientras Grumio hace que protege su retirada.)
BAUTISTA:
¡Dejad, dejad que se vayan enhorabuena! ¡Apacible pareja!
GREMIO:
Si no se van tan pronto, reviento de risa.