La fierecilla domada
La fierecilla domada De ello no hay duda. Y esto, tanto tú como el más majo de la casa lo descubriréis en cuanto llegue. ¿Pero a qué tantas palabras? Llama a Nataniel, a José, a Nicolás, a Felipe, a Walter Pilón de Azúcar y a todos los demás. Y ¡mucho ojo! Que estén bien peinados, las libreas azules bien cepilladas y las ligas perfectamente atadas. Que hagan la reverencia con la pierna izquierda, y que no se tomen la libertad de tocar una crin de la cola del caballo del amo sin previamente haberle enviado un beso con la mano. ¿Están todos dispuestos?
CURTIS:
Lo están.
GRUMIO:
Llámales entonces.
CURTIS: (A voces.)
¡A ver!, ¿me oís? ¡Que cada uno vaya al encuentro del amo, con objeto de hacer buena cara al ama!
GRUMIO:
¿Cómo? Te advierto ella tiene ya su cara.
CURTIS:
¿Quién podría ignorarlo?
GRUMIO:
Diríase que tú, puesto que les llamas para que le hagan una buena.
CURTIS:
Lo que hago es invitarles a que le presten sus respetos.