La fierecilla domada
La fierecilla domada GRUMIO:
¿Pero es que tú crees que ella viene aquí a que le presten algo?
(Entran cuatro o cinco servidores, que se agrupan en torno a Grumio.)
NATANIEL:
Bienvenido, Grumio.
FELIPE:
¿Qué tal, Grumio?
NICOLÁS:
¡Querido Grumio!
NATANIEL:
¿Cómo, te ha ido, muchacho?
GRUMIO:
Hola tú… Y tú, ¿cómo estás?… ¿Estás tú aquí también…? Adiós, compadre… y ya basta de saludos. Y ahora, mis buenos mozos, ¿es que todo está dispuesto? ¿Todo en orden?
NATANIEL:
Todo. ¿A qué distancia está el amo?
GRUMIO:
A dos pasos. Ya debe incluso haberse apeado del caballo. Luego basta de charla. Pero ¡silencio, por el gallo de la Pasión, que ya le oigo!
(Entran Petruchio y Catalina, llenos de barro.)
PETRUCHIO: