La fierecilla domada
La fierecilla domada Oficial, capitán o comandante, la ley me servirá de respuesta. No me vuelvo atrás de lo que he dicho ¡ni una pulgada!, hermosa. Que venga, que venga, y será bien recibido.
(Cae por tierra y se duerme. Al punto se oye el estrépito producido por cuernos de caza y seguidamente entra un Noble que vuelve, tras una batida, con sus piqueros y criados.)
LORD:
Montero, te recomiendo mis perros. CuÃdalos como es debido.
Sangra a Merriman. La fatiga y la espuma ahogan a la pobre bestia; y pon juntos a Clowder y la perra de la boca grande. ¿Has visto, muchacho, cómo Silver ha encontrado la pista en el recodo del seto? No quisiera perder este perro por veinte libras.
PRIMER MONTERO:
Pues Belman no le va en zaga, señor. Apenas la pista perdida, ¡qué manera de ladrar! Y por dos veces la ha encontrado y en los sitios más oreados. Para mà es el mejor de los perros, creedme.
LORD:
¡Bah!, eres bobo. Si Echo fuese tan rápido como él, ¡doce Belman valdrÃa! Pero bueno, hazlo comer como es debido y ocúpate bien de todos, pues mañana quiero cazar aún.
PRIMER MONTERO:
