La tempestad
La tempestad ARIEL.— No, señor.
PRÓSPERO.— SÃ. ¿Dónde nació? Habla; respóndeme.
ARIEL.— En Argel, señor.
PRÓSPERO.— ¡Oh! ¿Era asÃ? Debo recordarte una vez al mes lo que has sido, pues lo olvidas. Esa condenada hechicera, Sycorax, fue, como sabes, desterrada de Argel a causa de numerosas fechorÃas y de terribles embrujamientos incapaces de soportar por oÃdos humanos. En consideración a una sola de sus acciones no se le quiso quitar la vida. ¿No es verdad?
ARIEL.— SÃ, señor.