La tempestad

La tempestad

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

PRÓSPERO.— Si tornas a murmurar, hendiré una encina y te ensartaré en sus nudosas entrañas, donde aullarás durante doce inviernos.

ARIEL.— Perdón, dueño. Cumpliré tus mandatos y ejerceré gentilmente mis funciones de espíritu.

PRÓSPERO.— Obra así, y dentro de dos días te libertaré.

ARIEL.— ¡Qué noble es mi dueño! ¿Qué debo hacer? ¿Qué?, decidlo. ¿Qué debo hacer?

PRÓSPERO.— Ve a transformarte en ninfa del mar. No seas visible sino para ti y para mí; sé invisible para los demás. Anda, revístete de esa forma y vuelve en seguida. Márchate, sal con presteza. (Sale ARIEL.) ¡Despierta, querido corazón, despierta! ¡Arriba, ya has dormido lo suficiente! ¡Levántate!

MIRANDA.— (Alzándose.) La extrañeza de vuestro relato me ha causado apesaramiento.

PRÓSPERO.— Disípalo. Ven conmigo; visitaremos a Calibán mi esclavo, que nunca nos da una contestación amable.

MIRANDA.— Es un villano, señor, que no me agrada verle.

PRÓSPERO.— Pero, como quiera que sea, no podemos pasarnos sin él. Enciende nuestro fuego, sale a buscarnos leña y nos presta servicios útiles. —¡Hola! ¡Esclavo! ¡Calibán! ¡Terrón de barro! ¡Habla!


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker