La tempestad

La tempestad

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

TRÍNCULO.— Aquí no hay breña ni arbolillo para guarecerse y se prepara otra tempestad. La oigo cantar en el viento. Allá lejos, aquella nube negra, aquella inmensa nube, parece un sucio tonel pronto a vaciar su líquido. Si llega a tronar como antes, no sé dónde resguardaré mi cabeza… Aquella nube no ha de reventar sino lloviendo a cántaros… ¿Qué tenemos aquí? ¿Un hombre, o un pez? ¿Muerto, o vivo? Un pez, a juzgar por el hedor; un pez rancio; un pobre Juan y no de los más frescos. ¡Extraño pez! Si estuviera ahora en Inglaterra (como lo hice en otro tiempo) y tuviera este pez, aunque sólo fuese en pintura, no habría tonto en día festivo que no diese por verle una moneda de plata. Este monstruo haría allí la fortuna de un hombre. Todo animal extraño enriquece a su dueño. Mientras no os darían un óbolo para socorrer a un mendigo lisiado, gastan diez por ver a un indio muerto. ¡Tiene piernas de hombre y sus aletas parecen brazos! ¡Está caliente, a fe mía! Cambio ahora de opinión. No es un pez, sino un insular herido por el rayo. (Truena.) ¡Ay! ¡Retorna la tempestad! Lo mejor es guarecerse bajo su gabardina. No hay otro abrigo en los alrededores. ¡La miseria da al hombre extraños camaradas de lecho! Voy a agazaparme aquí hasta que pase el residuo de la tormenta.

Entra ESTEBAN cantando, con una botella en la mano

ESTEBAN.— No me veréis ir al mar, al mar;

aquí quiero morir en la ribera…


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker