La tempestad
La tempestad En La tempestad, todo lo que expone el viejo Gonzalo, sobre su república ideal se halla tomado a la letra de la versión de Florio, del capítulo de los Cannibales, y de aquí el anagrama Calibán (Caníbal) con que Shakespeare bautizó al íncubo.
Otra de las curiosidades, no menos significativas, de La tempestad, es su regularidad en cuanto a las unidades aristotélicas. La obra es ligera, sencilla, diáfana, de trazos móviles y transparentes, como los espíritus de que se circuye. El estilo participa de la magia de la comedia. Figurado, vaporoso, de imágenes vagas, de impresiones fugitivas. En la traducción sufre mucho el matiz original. El lenguaje de Calibán no hay manera de reproducirlo. Da exactamente la sensación de un idioma extraño, sobrehumano, hechiceresco. Somete a tortura a un habla. En ninguna producción shakespeariana se da tan raro fenómeno. No aparecen juegos de voces. Todo es sobrio, jugoso, limpio, fantástico, elegante, feérico, en una palabra, de atmósfera por encima de la Naturaleza, pero sin abandonar la razón.
Como dice el viejo Gonzalo, lleno de asombro por los encantos que le circundan al llegar a la isla, no sabemos si todo esto es o no real…
LUIS ASTRANA MARÍN.
