La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III GLOUCESTER: ¡Cómo! ¿Pensáis que somos turcos o infieles, o que, atropellando las formas legales, hubiéramos ordenado sin consideración alguna la muerte de este miserable, si el peligro extremo con que amenazaba Hastings la paz de Inglaterra y la seguridad de nuestras personas no nos hubieran forzado a esta ejecución?
CORREGIDOR: ¡Vaya, tranquilizaos! Ha merecido la pena de muerte, y vuestras gracias han obrado prudentemente, haciendo un castigo ejemplar, capaz de aterrorizar a los traidores. Nunca esperé nada bueno de él, desde que le vi en relaciones con mistress Shore.
BUCKINGHAM: Sin embargo, no hubiéramos querido que muriese hasta haber llegado vuestra señoría; pero el celo de nuestros amigos se nos ha anticipado. Hubiéramos deseado, milord, que oyeseis al traidor confesar tembloroso sus proyectos de traición, a fin de que pudierais haber dado cuenta a los ciudadanos, que quizá se engañen respecto de nuestras intenciones y lloren su muerte.
CORREGIDOR: Pero, mi buen lord, basta la palabra de Vuestra Gracia. Para mí es como si todo lo hubiera visto y oído. Y no dudéis, ni uno ni otro, nobles príncipes, que persuadiré a nuestros virtuosos ciudadanos de vuestro justo proceder en este caso.
GLOUCESTER: Por eso deseábamos vuestra presencia aquí, para evitar la censura del maldiciente mundo.