La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III BUCKINGHAM: Pero, en fin, ya que habéis llegado demasiado tarde para nuestras intenciones, podéis atestiguar, al menos, lo que nos habéis oído. Y así, mi buen lord corregidor, quedad con Dios.
Sale el LORD CORREGIDOR.
GLOUCESTER: Id tras él, id tras él, primero Buckingham. El lord corregidor tomará la diligencia para Guidhall[73]. Allí, cuando creáis llegado el momento oportuno lanzáis una alusión a la bastardía de los hijos de Eduardo. Recordadle cómo condenó a muerte Eduardo a un ciudadano[74], sólo por haber dicho que su hijo heredaría la corona siendo así que se refería a la muestra de su casa, que llevaba este nombre. A continuación, insistid en su odiosa lujuria y en su bestial apetito, que se extendía a sus criadas, hijas y mujeres; a todas cuantas en su mirada lasciva y en su corazón salvaje veía una fácil presa. Si es preciso, llevad la conversación al punto que atañe a mi persona… Decid que cuando mi madre quedó encinta del insaciable Eduardo, el noble York, mi augusto padre, guerreaba en Francia y que por una justa computación del tiempo se dio cuenta de que el vástago no podía ser de él; verdad confirmada todavía por su fisonomía que no tenía ninguno de los trazos de mi noble padre. Todo esto tocadlo ligeramente como sobre ascuas; porque como sabéis milord aún vive mi madre[75].