La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III BUCKINGHAM: No lo dudéis, milord; representaré el papel de orador como si los auríferos honorarios que defiendo fueran para mí. Y con esto, adiós, milord.
GLOUCESTER: Si todo va bien id a buscarme al castillo de Baynard donde me hallaréis virtuosamente acompañado por reverendos padres y sabios obispos.
BUCKINGHAM: Parto y hacia las tres o cuatro recibiréis noticias de lo que pase en Guidhall.
Sale BUCKINGHAM.
GLOUCESTER: Id a toda prisa, Lovel, a casa del doctor Shaw[76]. Marchad vos (a CATESBY.) en busca del monje Penker[77]… Decidles que dentro de una hora me hallarán en el castillo de Baynard.
Salen LOVEL y CATESBY.
Volvamos ahora para dar la orden secreta de poner a buen recaudo a los chicuelos de Clarence y recomendar que de ninguna manera persona alguna tenga jamás acceso hasta el príncipe.
Sale.