La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III GLOUCESTER: ¿Queréis precipitarme en un mundo de cuidados? Llamadlos de nuevo. Yo no soy de piedra, sino penetrable a vuestras amables súplicas. (Sale CATESBY). Aunque sea contra mi conciencia y mi alma. Vuelven a entrar BUCKINGHAM y los demás. Primo Buckingham, y vosotros, hombres respetables y prudentes, puesto que deseáis cargar sobre mis hombros el peso de la grandeza, quiera o no, debo con paciencia soportar la carga. Pero si la negra calumnia o el reproche de rostro repugnante son un día la secuela de vuestra imposición, la violencia que me hacéis me salvaría de todas las censuras y manchas de ignominia que podrían resultar; pues Dios lo sabe, y en parte vos lo habéis visto, cuán lejos estoy de desear esto.
CORREGIDOR: ¡Bendiga Dios a Vuestra Gracia! Lo hemos visto y lo repetiremos.
GLOUCESTER: Diciéndolo, no diréis sino la verdad.
BUCKINGHAM: Entonces os saludo con este real título: ¡Viva el rey Ricardo, digno soberano de Inglaterra!
TODOS: ¡Amén!
BUCKINGHAM: ¿Os placería ser coronado mañana?
GLOUCESTER: Será cuando os plazca, pues lo queréis así.