La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III Londres. Ante el Palacio.
Entra la REINA MARGARITA[105].
REINA MARGARITA: ¡Al fin, la prosperidad toca ya a su madurez y caerá en las fauces podridas de la muerte! He vagado secretamente alrededor de estos lugares para observar la ruina de mis enemigos. Soy testigo de su siniestra iniciación, y me voy a Francia, esperando que lo que siga sea tan amargo, negro y rebosante de tragedia. ¡Aléjate, desgraciada Margarita! ¿Quién viene?
Entra la REINA ISABEL y la DUQUESA DE YORK.
REINA ISABEL: ¡Ah mis pobres príncipes! ¡Ah mis tiernos niños! ¡Mis flores en capullo! ¡Mis nacientes perfumes! ¡Si aún flotan en el aire vuestras gentiles almas y no han sido prendidas en la eternal mansión, extended en torno a mí vuestras etéreas alas y escuchad los lamentos de vuestra madre!
REINA MARGARITA: Revolotead alrededor de ella; decidle que es justicia por justicia si la aurora de vuestra infancia ha sido eclipsada por la perpetua noche.
DUQUESA: Tantas miserias han apagado mi voz, que mi lengua, embotada de plañir, permanece silenciosa y muda. Eduardo Plantagenet, ¿por qué has muerto?
REINA MARGARITA: ¡Plantagenet compensa a Plantagenet! ¡Eduardo paga a Eduardo una deuda mortal!
