La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REINA ISABEL: ¿Pudiste, ¡oh Dios!, abandonar a esos mansos corderillos y arrojarlos en las entrañas del lobo? ¿Dormías, acaso, cuando fue cometida semejante acción?
REINA MARGARITA: ¿Y cuando murieron el santo Enrique y mi adorado hijo?
DUQUESA: ¡Vivir muriendo, mirar sin ver, pobre espectro de viviente mortalidad, espectáculo de horrores, oprobio del universo, propiedad de la tumba que usurpa su existencia, breve extracto y recuerdo de aciagos días, reposa tu cuerpo sin reposo en el suelo leal de Inglaterra (Dejándose caer.), ilegalmente embriagada con sangre inocente!
REINA ISABEL: (Sentándose a su lado). ¡Ah! ¡Que no puedas ofrecerme tan pronto una tumba como puedes concederme un triste asiento! ¡Entonces quisiera, que no descansaran mis huesos, sino que se hundieran aquí! ¡Ah! ¿Quién con más motivos para llorar que nosotras?