La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REINA MARGARITA: Si es más digno de veneración un antiguo pesar, concededle al mÃo el privilegio de la vejez y dejad que mis dolores sean los que abran el paso. (Sentándose en el suelo con ellas). Si el dolor puede admitir asociación, que la vista de mis males repita los vuestros. ¡Yo tenÃa un Eduardo, hasta que un Ricardo lo mató! ¡Yo tenÃa un esposo, hasta que un Ricardo lo mató! ¡Tú tenÃas un Eduardo, hasta que un Ricardo lo mató! ¡Tú tenÃas un Ricardo, hasta que un Ricardo lo mató!
DUQUESA: ¡Yo tenÃa también un Ricardo, y tú lo mataste! ¡Yo tenÃa también un Rutland, y tú ayudaste a matarle!
REINA MARGARITA: ¡Tú tenÃas un Clarence también, y Ricardo lo mató! ¡De lo más recóndito de tus entrañas salió el infernal sabueso que nos ha perseguido de muerte a todos! ¡Ese perro, que tuvo dientes antes que ojos[106] para despedazar a indefensos corderos y beber su generosa sangre! ¡Ese odioso destructor de la obra de Dios! ¡Ese tirano por excelencia, el primero de la tierra, que reina en los ojos resecos de las llorosas almas, ha salido de tu vientre para perseguirnos hasta en nuestras tumbas! ¡Oh Dios justo, equitativo, sincero, dispensador! ¡Cuánto te agradezco que ese perro carnÃvoro haya devorado el fruto de las entrañas de su madre y la haya hecho compañera de banco del dolor de los demás!