La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III BUCKINGHAM: ¡Buenos días a Vuestra Real Gracia!
STANLEY: ¡Dios devuelva a Vuestra Majestad sus alegrías!
REINA ISABEL: ¡La condesa de Richmond[26], mi querido lord Stanley, apenas podría decir amén a vuestro buen deseo! Sin embargo, Stanley, aunque sea esposa vuestra y no me quiera, estad seguro, milord, de que no os tomo en cuenta su orgullosa arrogancia.
STANLEY: Os suplico, o que no deis fe a las envidiosas calumnias de sus pérfidos acusadores, o que, si la acusación está fundada, tengáis indulgencia con sus debilidades, producto de la acritud de su enfermedad y no de una mala voluntad afectiva.
REINA ISABEL: ¿Habéis visto hoy al rey, milord Stanley?
STANLEY: En este momento acabamos de visitar a Su Majestad el duque de Buckingham y yo.
REINA ISABEL: ¿Qué síntomas de mejoría habéis notado, lores?
BUCKINGHAM: Hay esperanzas, señora. Su Gracia está contento.
REINA ISABEL: ¡Que Dios le devuelva la salud! ¿Habéis conferenciado con él?