La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III GLOUCESTER: ¡En cambio, Dios quiere que yo os necesite! ¡Por vuestras intrigas está en prisión mi hermano, yo en desgracia y menospreciada la nobleza! ¡Entre tanto, diariamente se llevan a cabo numerosas promociones para hacer nobles a quienes dos dÃas antes apenas valÃan un noble[31]!
REINA ISABEL: ¡En nombre de Aquel que, del seno de una existencia, donde vivÃa satisfecha, me elevó a esta grandeza llena de cuidados, juro que nunca concité contra Su Majestad al duque de Clarence, sino que he sido el mejor abogado de su causa! ¡Milord, me injuriáis ignominiosamente tratando de echar sobre mà tan viles sospechas!
GLOUCESTER: ¿PodrÃais negar que no habéis sido la causa de la prisión de milord Hastings?
RIVERS: ¡Puede negarlo, milord! Porque…
GLOUCESTER: ¿Puede negarlo, lord Rivers?… Pues qué, ¿lo ignora alguien? ¡Puede, en efecto, hacer más que negarlo, señor! ¡Puede ayudar a daros muchos altos puestos y negar después que los secundó su hermano, y atribuir estas dignidades a vuestros raros méritos!… ¡Qué no podrá! Ella puede… sÃ, ¡vaya!, puede…
RIVERS: ¿Qué puede? ¡Vaya!
GLOUCESTER: ¡Vaya! ¿Qué puede? ¡Dar vaya a un rey soltero, al casarse con un gallardo mozo! ¡Por cierto que no hizo vuestra madre tan buen partido!