La tragedia de Ricardo III

La tragedia de Ricardo III

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REINA MARGARITA: ¡Cómo! ¿Estabais disputando antes de mi llegada, prestos a despedazaros el uno al otro, y ahora volvéis todos vuestra cólera contra mí? Las terribles maldiciones de York han influido tanto en el Cielo, que la muerte de Enrique, la muerte de mi amado Eduardo, la pérdida de su reino, mi triste destierro, ¿no serán sino el justo castigo por la muerte de ese voluntarioso rapaz? ¿Pueden las maldiciones atravesar las nubes y penetrar en los cielos?… ¡Pues si es así, dad paso, densas nubes, a mis rápidas imprecaciones! ¡Que, a falta de guerra, sucumba vuestro rey víctima de su libertinaje, como pereció el nuestro para hacerle rey! ¡Que tu hijo Eduardo, hoy príncipe de Gales, para compensarme de Eduardo, mi hijo, que era príncipe de Gales, muera en plena juventud, víctima de igual violencia! ¡Que tú, que eres reina, para venganza mía, sobrevivas a tu gloria tan desgraciada como yo sobrevivo! ¡Que puedas vivir lo suficiente para llorar la pérdida de tus hijos y ver, como yo veo en ti ahora, otra mujer en posesión de tus derechos, como tú lo estás en los míos! ¡Que tus días de felicidad acaben mucho antes que tu muerte, y que, tras interminables horas de dolor, fallezcas, dejando de haber sido madre, esposa y reina de Inglaterra! ¡Rivers y Dorset, que estabais presentes…, y tú también, lord Hastings…, cuando mi hijo fue atravesado por sanguinarios puñales: a Dios le ruego que ninguno de vosotros viva su término natural, sino que tronche vuestros días un imprevisto accidente!


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