La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III GLOUCESTER: ¡Ya has hecho tus conjuros, odiosa y maldita bruja!
REINA MARGARITA: ¿Y me iba a olvidar de ti? ¡Atrás, perro! ¡Forzoso te será oÃrme! ¡Si el Cielo te reserva calamidades tan horribles que sobrepujen a las que imploro para ti!, ¡oh!, ¡que las retenga hasta que maduren tus pecados y arroje entonces sobre ti su indignación, perturbador de la paz del mÃsero universo! ¡Que el gusano de la conciencia roa sin descanso en tu alma! ¡Que mientras vivas, tus amigos te sean sospechosos de traidores y tengas a los traidores más pérfidos por tus mejores amigos! ¡Que jamás cierre el sueño tus aviesos ojos, a no ser para que una horrorosa pesadilla te espante con un infierno de horrendos demonios! ¡Desfigurado por el espÃritu del mal, aborto, cerdo[39], devastador, sellado al nacer para esclavo de la Naturaleza e hijo del Averno! ¡Oprobio del vientre pesado de tu madre! ¡Engendro aborrecido de los riñones de tu padre! ¡Andrajo del honor! ¡Te detesto!…
GLOUCESTER: ¡Margarita!
REINA MARGARITA: ¡Ricardo!
GLOUCESTER: ¿Qué?
REINA MARGARITA: ¡No te llamo!
GLOUCESTER: ¡Perdón te pido, entonces pensé que me habÃas llamado con todos esos odiosos nombres!
REINA MARGARITA: ¡SÃ; a ti fue; pero no esperaba respuesta! ¡Oh! ¡Déjame acabar mis maldiciones!