La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III ASESINO SEGUNDO: ¡No quiero tener nada con ella; es una cosa peligrosa! Hace del hombre un cobarde, no puede robar sin que le acuse, no puede jurar sin que le tape la boca, no puede yacer con la mujer de su prójimo sin que le denuncie. ¡Es un espÃritu ruboroso y vergonzante que se amotina en el pecho del hombre! ¡Todo lo llena de obstáculos! Una vez me hizo restituir una bolsa de oro que hallé por casualidad. Arruina al que la conserva; está desterrada de todas las villas y ciudades como cosa peligrosa, y el que tenga intención de vivir a sus anchas, debe confiar en sà propio y prescindir de ella.
ASESINO PRIMERO: ¡Voto va! Ahora mismo cosquillea en mi codo, persuadiéndome a no matar al duque.
ASESINO SEGUNDO: ¡Mete al demonio en tu alma y no le hagas caso! Quisiera insinuarse contigo para que te arrepintieras.
ASESINO PRIMERO: ¡Soy de natural fuerte, y nada conseguirá conmigo!
ASESINO SEGUNDO: Eso es hablar como un bravo que respeta su reputación. ¿Vamos a la obra?
ASESINO PRIMERO: ¡Dale en la cabeza con el puño de tu acero y arrojémosle después al tonel de malvasÃa que hay en la habitación vecina!
ASESINO SEGUNDO: ¡Oh! ¡Excelente idea! ¡Hacer de él una sopa!