La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III ASESINO SEGUNDO: ¡Nunca milord! Preparaos, por tanto, a morir.
CLARENCE: ¿Habéis sido escogidos entre tantos hombres para matar a un inocente? ¿Cuál es mi crimen? ¿Dónde está el testigo que me acusa? ¿Qué jurado legal ha dado su veredicto ante el severo juez? ¿O quién ha pronunciado la amarga sentencia de muerte contra el pobre Clarence? Entregarme a la muerte antes de estar convicto por el procedimiento de la ley, es una ilegalidad. ¡Os conjuro, si esperáis vuestra parte de redención, por la preciosa sangre de Cristo derramada por vuestros graves pecados, que os marchéis sin poner vuestras manos en mí! ¡La acción que vais a cometer es abominable!
ASESINO PRIMERO: Lo que hacemos nos ha sido mandado.
ASESINO SEGUNDO: Y el que lo ha mandado es nuestro rey.
CLARENCE: ¡Erróneo, vasallo! ¡El gran Rey de los reyes ha mandado en las tablas de su Ley que no debes matar! ¿Quieres tú, entonces, rechazar su mandato y obedecer el de un hombre? ¡Ten cuidado, porque El tiene en sus manos la venganza para lanzarla sobre la cabeza de los que violan su Ley!