La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III REY EDUARDO: Tu juramento, noble Buckingham, es un grato cordial para mi enfermo corazón. Ahora nos falta aquí nuestro hermano Gloucester, para coronar el período bendito de esta paz.
BUCKINGHAM: Y, en buena hora, aquí llega el noble duque.
Entra GLOUCESTER.
GLOUCESTER: ¡Dios guarde a mis soberanos, rey y reina; y felices días, ilustres pares!
REY EDUARDO: Felices son, en efecto, por lo bien que hemos empleado el día. Gloucester, hemos hecho obra de caridad, trocando en paz la enemistad y en bello amor el odio entre estos pares, irritados por incesantes resentimientos.