La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III HIJA: ¡No fue llorada nuestra triste orfandad! ¡Vuestro dolor de viuda quedará, a su vez, sin llanto!
REINA ISABEL: ¡No me ayudéis a llorar! ¡No soy estéril en gemidos! ¡Afluyan a mis ojos las corrientes de todos los manantiales, para que, bajo la influencia de la acuosa luna, pueda verter lágrimas suficientes para anegar al mundo! ¡Ah! ¡Esposo mÃo! ¡Mi querido señor Eduardo!
LOS HIJOS: ¡Ah! ¡Nuestro padre! ¡Nuestro querido señor Clarence!
DUQUESA: ¡Ay! ¡Los dos! ¡Ambos eran mÃos, Eduardo y Clarence!
REINA ISABEL: ¿Qué apoyo tenÃa yo sino Eduardo? ¡Y se me ha ido!
LOS HIJOS: ¿Qué apoyo tenÃamos nosotros sino Clarence? ¡Y se nos ha ido!
DUQUESA: ¿Qué apoyo tenÃa yo sino ellos? ¡Y se han ido!
REINA ISABEL: ¡Jamás viuda alguna sufrió tan cara pérdida!
LOS HIJOS: ¡Jamás ningunos huérfanos sufrieron tan cara pérdida!