La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III DUQUESA: ¡Jamás ninguna madre sufrió tan cara pérdida! ¡Ay!… ¡Soy la madre de esos dolores! ¡Sus desdichas son compartidas; la mÃa es general! ¡Ella llora un Eduardo, y yo también! ¡Yo lloro un Clarence, ella, no! ¡Esos niños lloran a Clarence, y yo también! ¡Yo lloro un Eduardo, ellos tampoco!… ¡Ay! ¡Vosotros tres, sobre mÃ, tres veces desdichada, hacéis caer vuestras lágrimas! ¡Soy la nodriza de vuestros dolores, y los nutriré con mis lamentos!
DORSET: ¡Valor, querida madre! Dios se ofenderá de veros tan poco propicia a acatar sus preceptos. En el común sentir de las gentes, se llama ingrato al que rehúsa de mal grado satisfacer la deuda que una mano liberal le prestó generosamente. Mucho más es oponerse contra el Cielo por reclamaros el préstamo real que os hizo.
RIVERS: Señora, meditad, como solÃcita madre, en vuestro hijo el joven prÃncipe. Enviad en seguida por él, que sea coronado; en él reside vuestro consuelo. Sepultad vuestro desesperado pesar en la tumba del difunto Eduardo, y plantad vuestra alegrÃa sobre el trono del Eduardo viviente.
Entran GLOUCESTER[55], BUCKINGHAM, STANLEY, HASTINGS, RATCLIFF y otros.