La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III CIUDADANO SEGUNDO: Verdaderamente, todos los corazones se muestran medrosos. Apenas se puede conversar con alguno que no veáis abatido y lleno de pavor.
CIUDADANO TERCERO: Siempre ocurre así cuando se avecinan días de revolución. Por un divino instinto, el espíritu del hombre persiste en el peligro que se acerca, como, por experiencia, vemos hincharse las olas ante la inminencia de la borrasca. Pero Dios ante todo. ¿A dónde vais?
CIUDADANO SEGUNDO: ¡Por mi fe! Nos han citado los jueces.
CIUDADANO TERCERO: Y a mí también. Os haré compañía.
Salen.