La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III Londres. Un aposento de Palacio.
Entran el ARZOBISPO DE YORK[59], el joven DUQUE DE YORK, la REINA ISABEL y la DUQUESA DE YORK.
ARZOBISPO: He oÃdo que la noche anterior han dormido en Northampton, y esta noche se detendrán en Stony-Stratford[60]. Mañana o pasado estarán aquÃ.
DUQUESA: Ardo de impaciencia por ver al prÃncipe. Espero que habrá crecido mucho desde la última vez que le vi.
REINA ISABEL: Pues yo he oÃdo que no. Dicen que mi hijo York es casi más alto que él.
YORK: SÃ, madre; pero yo no quisiera serlo.
DUQUESA: ¿Por qué, querido nieto? Es bueno crecer.
YORK: Abuela: una noche, al sentarnos a cenar, mi tÃo Rivers dijo que yo crecÃa más que mi hermano. Sà —respondió mi tÃo Gloucester—, las plantas diminutas tienen virtud; las malas hierbas crecen rápidamente. Desde entonces, me parece que serÃa mejor que no creciese tanto, toda vez que las bellas flores crecen lentamente y las malas hierbas tan a prisa.
DUQUESA: ¡Valiente creencia, valiente creencia! El proverbio no puede aplicarse a quien te lo ha citado. De joven era una cosa lamentable, tan desmedrado y raquÃtico que, si fuera cierto su refrán, estarÃa lleno de virtudes.