La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III ARZOBISPO: Y lo está, no lo dudéis, venerable señora.
DUQUESA: Asà lo espero; pero las madres siempre tienen sus dudas.
YORK: ¡Pues es verdad! Si llego a acordarme, le aplico una chufla al crecimiento de mi tÃo, para rayar más alto que él rayó sobre mÃ.
DUQUESA: ¿Cómo, mi joven York? ExplÃcate, te lo ruego.
YORK: ¡Por mi fe! Dicen que mi tÃo creció tan a prisa, que pudo morder una corteza a las dos horas de haber nacido. En tanto yo, a los dos años, no tenÃa aún ningún diente. ¡Abuela, esta hubiera sido una broma mordaz!
DUQUESA: Por favor, querido York, ¿quién te ha contado eso?
YORK: Mi nodriza, abuela.
DUQUESA: ¡Su nodriza! ¡Bah! Murió antes que tú nacieses.
YORK: Si no fue ella, no me acuerdo quién me lo dijo.
REINA ISABEL: ¡Un muchacho charlatán! ¡Vamos, no hay que ser tan malicioso!
ARZOBISPO: Buena señora, no os enfadéis con el niño.
REINA ISABEL: Las paredes oyen.
Entra un MENSAJERO.