La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III PRÍNCIPE: Gracias, buen milord… Y gracias a todos…
Salen el CORREGIDOR, etcétera.
Creí que mi madre y mi hermano York acudirían presurosos a nuestro encuentro. ¡Pues anda, qué perezoso es Hastings, que no viene a decirnos si vendrán o no!
Entra HASTINGS.
BUCKINGHAM: Y en buena hora, pues aquí llega, todo sudoroso, el lord.
PRÍNCIPE: ¡Bien venido, milord! Qué, ¿vendrá nuestra madre?
HASTINGS: Ignoro por qué motivo, pues sólo Dios lo sabe, y no yo, la reina vuestra madre y vuestro hermano York se han acogido en el santuario. El tierno príncipe hubiera querido venir conmigo a recibir a Vuestra Gracia, pero su madre se ha opuesto.
BUCKINGHAM: ¡Vaya, pues! ¡Qué indiscreto y torpe camino por su parte! Lord Cardenal, ¿se dignará Vuestra Gracia persuadir a la reina a que envíe inmediatamente al duque de York a saludar a su augusto hermano? Si se niega, lord Hastings, seguid al cardenal y arrebatadlo a la fuerza de los celosos brazos de su madre.