La tragedia de Ricardo III
La tragedia de Ricardo III HASTINGS: ¡Antes se desprenderá esta de mis hombros que ver la corona tan feamente colocada! Pero ¿sospechas tú que la codicia…?
CATESBY: ¡SÃ, por vida mÃa! Y espera vernos a la cabeza de su partido para ayudarle a ganarla; y en esta certidumbre, me envÃa a daros la agradable noticia… de que hoy mismo vuestros enemigos, los parientes de la reina, deben morir en Pomfret.
HASTINGS: Verdaderamente, la noticia no me aflige; fueron siempre mis adversarios. Pero que yo dé mi voto al partido de Ricardo en perjuicio de los derechos de los legÃtimos herederos de mi señor, Dios sabe que no lo haré, aunque me cueste la vida.
CATESBY: ¡Dios conserve a vuestra señorÃa en tan buenos sentimientos!
HASTINGS: Pero me reiré un año entero por haber vivido lo bastante para presenciar la tragedia de los que concitaron contra mà el odio de mi soberano. ¡Bien, Catesby! ¡Antes que envejezca quince dÃas, he de hacer despachar a alguno que ni siquiera la sospecha!
CATESBY: ¡Mala cosa es morir, gracioso milord, cuando el hombre no está preparado y no lo aguarda!
HASTINGS: ¡Oh! ¡Horrible, horrible! Es lo que les sucede a Rivers, Vaughan y Grey, y lo que les sucederá a otros que se creen tan seguros como tú y yo; quienes, como tú sabes, son amados del amable Ricardo y de Buckingham.