Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor Cuarto en la posada de la Liga
Entran el POSADERO y SIMPLE
POSADERO.—¿Qué quieres, patán? ¿Qué, imbécil? Habla, resuella, discute; breve, lacónico, pronto, de estallido.
SIMPLE.—Vengo, señor, de parte de mi amo el señor Slender, a hablar con el señor Falstaff.
POSADERO.—Pues allà está su cuarto, su casa, su castillo, su cama fija y su cama de ruedas; todo pintado de nuevo con la historia del hijo pródigo. Ve, golpea y llama. Te hablará como un antropófago. Llama, te digo.
SIMPLE.—A ese cuarto ha subido una vieja, una mujer gorda. Si permitÃs, aguardaré a que baje, porque en verdad vengo a hablar con ella.
Posadero.—¡Hola! ¡Una mujer gorda! Pueden robar al caballero: daré voces. ¡Bravo caballero! ¡Bravo sir Juan! Habla marcialmente desde tus pulmones. ¿Estás ah� Es tu posadero, tu efesino, quien llama.
FALSTAFF.—¿Qué ocurre, posadero mÃo? (Desde arriba.)
POSADERO.—Aquà hay un tártaro-bohemio que se desespera porque baje tu mujer gorda. Déjala bajar, déjala bajar. Mis cuartos son santuarios. ¿Secretos, eh? ¡Qué vergüenza! ¡Qué vergüenza!
Entra Falstaff
