Las alegres comadres de Windsor
Las alegres comadres de Windsor SLENDER.—Me agrada bastante la diversión de cazarlos; pero en ella soy tan pronto en enfadarme como el hombre que más en Inglaterra. Un oso suelto os intimida ¿no es verdad?
ANA.—Ciertamente que sÃ, señor.
SLENDER.—Eso para mà es ahora como comer y beber. Veinte veces he visto suelto a Sakerson, y lo he cogido de la cadena; pero os aseguro que las mujeres han gritado y chillado tanto, que sobre pasa toda ponderación. En verdad las mujeres no pueden sufrirlos. Son animales bastante feos y rudos.
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PAGE.—Venid, querido señor Slender, venid. Os esperamos.
SLENDER.—No quiero comer nada. Os doy las gracias, señor.
PAGE.—Nada, no podéis hacer lo que queráis. Venid, venid.
SLENDER.—No, os lo suplico. Id delante.
PAGE.—Vamos, señor; adelante.
SLENDER.—Señorita Page, id vos primero.
ANA.—De ningún modo yo, señor. Os ruego que sigáis.
SLENDER.—En verdad, no iré primero, en verdad, no. SerÃa haceros agravio.
ANA.—Os lo suplico, señor.